Institución de ministros lectores y acólitos (Mayo 2017)

Con gozo y alegría nos reunimos como familia diocesana para presenciar la institución de Ministros Lectores y Acólitos, que han de servir, los primeros al servicio de la proclamación de la Palabra de Dios en la Eucaristía, y los segundos para el servicio del altar, la distribución de la sagrada comunión y la purificación de los vasos sagrados.

La celebración eucarística por la que fueron instituidos ministros fue presidida por nuestro Obispo, Jorge Alberto Cavazos Arizpe, en la Iglesia Catedral, el jueves 25 de mayo, concelebrada por el Padre Rector, Pbro. Luis Manuel González Medina. Como lectores fueron los seminaristas: Deciderio Mercado, Juan Medrano, Francisco Javier Solorio, José Nabor López y Antonio Gutiérrez; como acólitos los seminaristas: Francisco Álvarez, Diego Gabriel Guzmán, Lizandro Orozco, Ramón Ramos, Mario Alberto Hernández, Heriberto Córdova, Emmanuel Padilla, Jesús Antonio Sedillo y Daniel González.

Una vez iniciada la eucaristía, después de proclamada la Palabra, el Padre Rector llamó a los candidatos que fueron instituidos Ministros Lectores, a los que les fue entregada la Palabra de Dios por parte del Obispo con la encomienda de proclamarla. Una vez concluido el rito propio se llevó a cabo el otro rito por el cual los Ministros Lectores fueron instituidos Ministros Acólitos, a los que se les entregó el cáliz con el vino, a fin de servir al altar.

El documento El don de la vocación presbiteral nos dice en el número 72 acerca de estos ministerios: “A lo largo de esta etapa, según la madurez de cada candidato y aprovechando las posibilidades formativas, serán conferidos a los seminaristas los ministerios del lectorado y acolitado, de modo que puedan ejercerlos por un tiempo conveniente, disponiéndose mejor para el servicio de la Palabra y el altar. El lectorado propone al seminarista el reto de dejarse transformar por la Palabra de Dios, objeto de oración y de estudio. La recepción del acolitado implica una participación más profunda en el misterio de Cristo que se entrega y está presente en la Eucaristía, en la asamblea y en el hermano. Por tanto, ambos ministerios, junto con una conveniente preparación espiritual facilitan una vivencia más intensa de las exigencias de la etapa configurativa”.

Como Iglesia nos comprometámonos a orar intensamente por las vocaciones sacerdotales, que sigan surgiendo jóvenes generosos que respondan afirmativamente al llamado que Dios les hace. Pidamos por nuestro Seminario Diocesano, y por las demás comunidades de religiosos, religiosas, para que Dios las y nos provea de la necesario.

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